Eran vacaciones, pero no de esas que suenan a descanso o a días entretenidos, no esta, puesto que estaba llena de nada por hacer. No habían amigos para visitar, ya que todos se han ido de viaje; no habían tareas de clase, pues estas habían terminado; no había voluntad de hacer nada, y es que de hecho no había nada por hacer.
La casa estaba pintada, el tejado había sido reparado, los libros estaban leídos, y parecía no haber nada para hacer. Pero, no era del todo cierto. Empezó por preparase un desayuno, de esos que veía en la televisión, un desayuno de esos que nunca había hecho, uno con nombre. Buscó su recetario, y preparó el más llamativo. No contaba con todos los ingredientes así que decidió ir a la tienda. Se sorprendió al ver que no podía salir, había olvidado donde dejó las llaves. Improvisó con su desayuno, y al terminar, sólo podía reírse de lo que había hecho, no era como los de la televisión, pero era uno como nunca lo había hecho, y es que nunca se había preparado un desayuno.
La casa estaba pintada, el tejado había sido reparado, los libros estaban leídos, y parecía no haber nada para hacer. Pero, no era del todo cierto. Empezó por preparase un desayuno, de esos que veía en la televisión, un desayuno de esos que nunca había hecho, uno con nombre. Buscó su recetario, y preparó el más llamativo. No contaba con todos los ingredientes así que decidió ir a la tienda. Se sorprendió al ver que no podía salir, había olvidado donde dejó las llaves. Improvisó con su desayuno, y al terminar, sólo podía reírse de lo que había hecho, no era como los de la televisión, pero era uno como nunca lo había hecho, y es que nunca se había preparado un desayuno.
Al término de su desayuno, se recostó y empezó a recordar. No recordaba los momentos alegres, ni los tristes, simplemente recordaba momentos casuales, en los que no pasaba nada, como cuando llegaba al colegio y veía sus clases, como en cualquier otro día, nada extraordinario había pasado; y sólo eso recordaba de su niñez, sólo las clases aburridas. No recordaba sus juegos, no recordaba sus amigos, ni a su mascota, ni siquiera recordaba a su primer amor, ese que creyó que nunca olvidaría, no lo recordaba porque en realidad nunca se había enamorado.
Luego de recordar prefirió imaginar sin saber la diferencia, se imaginó con su papá en un día de campo y creyó haberlo recordado, se imaginó aprendiendo a montar bicicleta, y creyó haberlo recordado, se imaginó yendo a la iglesia, y creyó haberlo recordado pero, en efecto, esto no venía de su memoria sino de su imaginación, esa que lo caracterizó de niño, esa que muchas veces lo distrajo de la realidad. Y lo distraía porque él así lo quería, porque lo prefería en lugar de ver la realidad, que para él era simplemente aburrida, una realidad en la que nada pasaba, nada interesante.
Nunca se había fijado en lo aburrido que había sido su vida, y se dio cuenta entonces de que no había cumplido sus sueños, esos por los que había creído luchar. Se dio cuenta también de que ni siquiera era lo que quería ser y de que nunca había hecho nada de lo que había querido hacer. Nunca viajó ni en tren ni en barco, no como lo había planeado, no para admirar la naturaleza, no para sorprenderse de lo que se estaba perdiendo, sólo había viajado por negocios, sólo por deber, y nunca para satisfacción suya. Al darse cuenta de que no había hecho nada de lo que quería, quiso recordar que había hecho, y revisó su álbum de fotografías. Pero, al verlo sólo confirmó lo que temía, no había hecho nada; sólo aparecía con su familia, en su casa, en un día normal. Empezó a llorar cuando terminó de ver todas las fotos notó que no sonreía en ninguna. Trató entonces de recordar momentos felices, como en su cumpleaños, como el emocionante primer día de clases, pero no pudo, sólo se recordaba con su aburrimiento, su imaginación, y sus ganas de hacer cosas, deseoso de practicar muchos deportes, arriesgados y seguros, deseoso de aprender nuevos idiomas, aunque nunca los usara, deseoso de aprovechar su tiempo para hacer siempre algo nuevo.
Se preguntó cómo fue que se le pasó el tiempo sin hacer nada de todo, y se justificó diciendo que era un hombre muy ocupado, al menos lo bastante para no poder viajar, lo bastante para no poder salir de su rutina; pero en el fondo sabía la verdad. La verdad de que no vivía muy ocupado sino que había olvidado lo que quería ser y lo que quería hacer. Pero ahora, que ya lo había recordado, no había nada que se lo impidiera. Y justo cuando empezaba a sonreír, pensó que era tarde ya, pensó que estaba viejo para jugar, para cambiar sus costumbres, pensó incluso que era demasiado tarde para vivir. ¿Qué hacer ahora?, ¿Cómo seguir viviendo después de tan reveladora verdad? Le fue difícil aceptar la triste realidad, triste para él pues se pasó la vida haciendo cosas que nunca quiso, cosas que consideraba ajenas a vivir.
Fue a la cochera, buscó un lazo, sin titubear hiso un nudo alrededor de su cuello, lo ató a una viga del techo, y se dejó caer. Fue así como puso fin a su vida, o como según él, puso fin a nada, pues se pasó la vida muerto.
Fue a la cochera, buscó un lazo, sin titubear hiso un nudo alrededor de su cuello, lo ató a una viga del techo, y se dejó caer. Fue así como puso fin a su vida, o como según él, puso fin a nada, pues se pasó la vida muerto.
mk no se suicide, le voy a decir a alerso que no le deje un lazo cerca Jajajaja no bakno pero triste , tiene futuro como escritor bn redactada wvon a lo bn usted era pa que pasara comunicacion linguistica en 5
ResponderEliminaratt: Yimi
Gracias. Lo bueno es que me gusta.
ResponderEliminar